viernes, 23 de noviembre de 2007

Sonaron todas las alarmas de la Ciudad:

Era una noche de invierno como muchas otras. Yo estaba tranquilamente escuchando música mientras leía “el príncipe de la niebla”, tapada con una pequeña manta que me regaló mi abuela el día de mi cumpleaños.

Mientras leía, me quedé dormida. Hacia las tres de la madrugada me desperté y miré que hora era. Me levanté con un dolor de espalda horrible, y me fui hacia la cama a dormir bien, para ver si de esta forma se me pasaría el dolor de espalda. Cuando me iba hacía la cama se oyó una gran explosión, que hizo temblar toda la casa tan fuerte que me hizo caer. Esa explosión provocó que se fuera la luz durante aproximadamente media hora. Pasado ese rato la luz volvió. Durante todo este rato que el pueblo estuvo a oscuras, me quedé sentada en el suelo, sin moverme, sin saber que hacer. Cuando regresó la luz de golpe empezaron a sonar todas las alarmas de los comercios cercanos a la explosión. Por suerte los amos de los comercios apagaron las alarmas deprisa, ya que el ruido era insoportable. La gente que se había levantado se fue tranquilamente a la cama. Al levantarse la mañana siguiente se encontraron que todos los comercios estaban cerrados y con una cinta policial a la puerta. Yo no sabia lo que había pasado exactamente hasta que me fui a comprar el diario, y al leer el titular lo entendí. En la media hora que la ciudad se quedó sin luz un equipo de ladrones saqueó todos los comercios de la ciudad.

Ya ha pasado un año de todo eso y por suerte, los comercios se han podido recuperar pero aun habiendo pasado tanto tiempo no han podido saber quienes han sido los causantes de estos robatorios.