viernes, 23 de noviembre de 2007

SONARON LAS ALARMAS DE TODA LA CIUDAD

Era un día de fiesta, yo estaba tumbado en el sofá mirando una película. Me había quedado solo porqué mis padres se habían ido fuera el fin de semana, fueron a ver una feria de animales.

Era un día lluvioso, sin ganas de salir a la calle. De pronto se empezaron a oír ruidos muy escandalosos, eran como el sonido de una alarma, pero no le hice mucho caso.

Entonces sonó el teléfono, era un amigo mío, tenía la voz rara, como si estuviese asustado. Me dijo que ese ruido que aún se oía era el de todas las alarmas de toda la ciudad. En ese momento sí que me empecé a asustar un poco:

- ¡Qué hacemos, están sonando todas las alarmas!

- Ya, pero ¿por qué?

- No se nadie lo sabe, he llamado a más gente y nadie lo sabe.

- ¡Puede ser que hayan sido unos ladrones o unos asesinos!

- ¡No digas tonterías!

- Bueno, pues vuelve a llamar a toda la gente y diles que todos vayan a la plaza del ayuntamiento que allí ya lo hablaremos.

- Vale, ahora mismo llamo.

Así fué, fuimos toda la gente a la plaza y allí el alcalde empezó a soltar un discurso de que nadie se tenía que asustar.

Me di cuenta de que allí faltaba la família de un amigo mío, pero no dije nada. Cogí a mi amigo Miguel y nos fuimos a ver lo que pasaba con mi amigo.

Cuando llegamos a su casa no encontramos a nadie, eso nos hizo sospechar. Seguimos buscando, mientras pasábamos por delante de las casas, a mi me entró la curiosidad de porqué toda la gente tenía gatos en casa. Cuando pasamos por delante de la mia también vi un par de ellos dentro, y eso sí que no podía ser, porqué yo no tengo gatos.

Ahora ya lo entendía todo, así que fuimos a la plaza donde el alcalde aún estaba dando su discurso sobre la calma, le quité del medio y empecé a explicar todo lo sucedido:

A los gatos no les gusta el agua y cuando empezó a llover, todos los gatos se metieron dentro de las casas, así no se podían mojar. Por eso sonaron todas las alarmas de la ciudad.

La gente se fué rápidamente a su casa para echar a esos gatos que no lo habían echo con mala intención. Ahora que me acuerdo y no lo he dicho, mi amigo (el desaparecido) estaba en la feria que habían ido mis padres, porque el tiene un caballo y habían ido a comprar una silla de montar.

Carlos Nufrio Roca