miércoles, 29 de septiembre de 2010

UN DÍA MARCADO

Era un día estupendo. Buen sol, prometedor y sin incidentes. La clase de día que nunca tengo últimamente. Pero éste, prometía.
Al acabar de hacerles el desayuno a mis hermanos, prepararlos para el colegio y despedirlos, me puse manos a la obra para desayunar, dejar la casa preparada, prepararme yo y salir al trabajo.
 Trabajo en una pizzería como repartidora. Cuando cumplí la mayoría de edad les dije a mis padres que quería una moto. Ellos me dijeron que tendría que trabajar para conseguirla. Y aquí estoy, repartiendo pizza por toda la ciudad.

Este trabajo tiene sus ventajas. Puedo conducir una moto, tener dinero propio y conocer las calles de mi ciudad. Aunque por otra parte, que te esté diciendo todo el mundo que éste trabajo no es para una chica, la verdad, no lo hace muy atractivo. Y, por supuesto, todos esperan que la cagues en algún momento para ha sí demostrar que tenían razón.

Por mi parte a mi me da igual lo que piensen los de más, yo necesito el dinero y me lo paso bastante bien. Eso es lo único que me importa.
Pero para poder tener éste trabajo mis padres me pusieron una condición.-Ten en cuenta, Jane, que para tenerlo tendrás que encargarte también de el desayuno de tus hermanos y no descuidar la casa -había dicho mi padre-.
-Es una responsabilidad muy grande, cariño, piénsalo bien había dicho mi madre-. 
Al principio se me juntaba todo. El trabajo, el desayuno de los niños, la casa y yo. Porque claro, tengo que dedicar tiempo para mi. Pero aunque estaba más atareada, conseguí organizarme bien y poder hacerlo todo a tiempo. No fue fácil, pero lo conseguí.
Claro que a hora cada vez que llego a casa estoy reventada. Y con mucha hambre. Mi madre siempre se está quejando porque tiene que hacer mucha más comida de la necesaria solo por mi. Siempre está diciendo: -Jane como no dejes ese trabajo, tendremos que ponerte a dieta-. Yo le respondí: -Mamá, quemo más calorías de las que como, además estoy cumpliendo al pie de la letra mi parte del trato, ¿cuál es el problema?
Cada vez que le respondía de esa manera ponía mala cara y refunfuñaba. Resultaba muy graciosa y yo me reía. 

Voy a tener que durar más tiempo en este trabajo más de lo que pensaba, puesto que quiero una moto y no he reunido dinero suficiente para ello, además, mis padres no quieren que haga turnos dobles, cosa que me dificultaría más, pero yo estoy dispuesta a soportarlo, sin embargo, ellos no.
Pero eso no me importaba, en realidad, este trabajo me gusta de verdad.

Mientras conducía por la carretera hasta la casa de un cliente levanto la mirada y ¿qué veo?. ¡Agg! Malditas nubes. ¿A caso es mucho pedir tener un día soleado? Al menos ha durado toda la mañana. No puedo quejarme.

Hoy he tenido más trabajo que de costumbre, puesto que es fin de semana. Gracias al cielo que este es el último pedido del día y podré irme a casa a descansar un poco. Estoy reventada.
Mientras conduzco hacia mi destino, me doy cuenta de que nunca había pasado antes por estas calles. No me resultaban conocidas.
Estaba todo muy silencioso y oscuro, sobre todo solitario. No había ni un solo farol encendido. Gracias a las luces de la moto puedo ver por donde voy, porque si no …
Me recuerda al corredor de la muerte …
Cuando al fin llego al edificio de la dirección, apago la moto, y más silencio. De repente me llega un escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Y desde luego no es por el frío que hace.
No le presto atención y bajo de la moto, cojo la pizza y …

… el silencio de la noche se rompe con el seco sonido de un disparo. 





G. Yinaris G. Feliz