miércoles, 29 de septiembre de 2010

El silencio de la noche...

El silencio de la noche se rompió con el seco sonido de un disparo. Yo estaba durmiendo y salté de la cama de un salto, comencé a gritar como un desesperado, me fui corriendo hasta la cocina y vi todo el charco de sangre junto al cadáver de mi perro Gimbo, comencé a mirar por los lados si había algún rastro del asesino, pero no vi a nadie y salí a fuera y me encontré un matorral de pelos de color negro, yo me asusté porque pensaba que esos pelos eran de un lobo, y me fu corriendo a casa a llamar a la policía y a una ambulancia. Primero llegó la policía, examinaron el cadáver de mi perro y después me interrogaron a mi, yo estaba muy nervioso y triste. Uno de los policías encontró unas manchas de sangre a mi habitación y el jefe de policías sospecho tanto de mi que me arresto provisionalmente hasta que se terminara la investigación mientras que a Gimbo se lo llevaron al centro de cadáveres de animales.
Yo estaba en la cárcel mirando el cielo, ese día había luna nueva, y de repente me empezó a doler la barriga i la cabeza. Estaba notando cambios en mi cuerpo, me mire los brazos y vi que tenia mas pelo de lo a menudo, sentía que los dientes me crecían junto con las orejas. Me mire al espejo i vi que todo mi rostro había cambiado por un hombre lobo. Yo grite como un desesperado rompí los barrotes y me fui al bosque a buscar refugio, por supuesto que todo el cuerpo policial, los cazadores furtivos... me estaban buscando para matarme, toda la noche escondiéndome de la muerte hasta que llege a un laboratorio, entre y el científico que había allí se aterrorizo, pero yo le explique que me pasaba, el me entendió y me acepto ayudarme. Me hizo una pruebas para ver come estaba y al final me dio unas pastillas y al cabo de diez segundos volví a ser un humano corriente, yo me fui corriendo a buscar los que me estaban buscando y les explique todo ellos lo entendieron, pero siempre hay una persona que lo echa todo a la mierda, y me disparo entre ceja y ceja y caí en seco.

Pau Maza