miércoles, 29 de septiembre de 2010

Se avecinaba un año aciago...

Se avecinaba un año duro para mi…primero de baxillerato, ese curso tan difícil que dicen que cuesta tantas horas de estudio para superar. Yo había tenido todo el verano para cargar pilas, y entonces, según los mayores ya estábamos lo suficientemente descansados para emprender un nuevo curso.
Mi madre, Cata me propuso que hiciera algún tipo de deporte para desconectar un poco después de clase, y como mi amiga Ana estaba en el equipo de baloncesto decidí apuntarme para probar suerte. Nunca los deportes se me habían dado bien. El martes, al salir de clase fuimos con Ana al polideportivo, donde se daban las clases de baloncesto. Allí lo vi por primera vez, se llamaba Manu y sería a partir de aquel día mi profesor de baloncesto. Fueron pasando los meses y ocurrió un hecho muy extraño, de golpe empecé a ser la más buena del equipo, me tiraban al aire a cada partido que ganábamos gracias a mí, era el ojito derecho de Manu, y para ser-nos sinceros…Manu no era solo el profesor con el que me llevaba buen rollo, Manu era el amor de mi vida…Cada vez que lo veía el corazón se me descompasaba hasta el punto de no poder respirar, los ojos me brillaban con alegría y con alguna inútil esperanza de que algún día llegara a ser mío…Pero mis vagos pensamientos desaparecían al recordar que estaba casado.
No conté lo de Manu a nadie, ni tan solo a Ana, con la que compartíamos todas nuestras penas y alegrías. Lloraba cada noche sola, en silencio, en medio de un mundo de fantasías donde nada podía llegar a ser real. El hecho es que yo me equivocaba.
Era una noche de Invierno, 19 de Diciembre si mal no recuerdo, el viento soplaba con todas sus fuerzas y pequeñas gotas de lluvia mojaban el cristal de la ventana de mi habitación. Entonces fue cuando lo vi, estaba allí, bajo la ventana de mi habitación, sentado, esperándome con la nariz roja del frío. Abrí la ventana y él dijo:
-Coge una maleta, pon todo lo que puedas dentro, quiero irme contigo, no importa donde ni como…Tu y yo solos…
-Ma….Manu… No, no lo estás diciendo en serio..
-Te quiero Georgi.
De golpe cerré la ventana y empecé a poner todo lo que encontré dentro de mi maleta: ropa de verano, de invierno, libros, el neceser… Dejé una nota encima de mi cama…

“ Queridos papá y mamá, me voy no puedo deciros nada más solo quiero que sepáis que estaré bién, y no olvidéis nunca que os quiero y que siempre os llevaré en mi corazón.
Besos,
Georgi”
Cerré la puerta con cuidado para no despertar a nadie, bajé las escaleras; las bajé tan rápido como nunca antes lo había hecho, fui por la partes de atrás del edificio y me lancé sobre sus brazos, él me abrazó y me besó, aquello no era un sueño, aquello era esa realidad tan dura, bonita y fantástica a la vez.
Aún no sé porque hice aquello… Era una adolescente sin ser consciente de los riscos que eso suponía, lo único que sabía era que nos queríamos y que los dos lo estábamos dejando todo el uno por el otro…El estaba abandonando a su mujer…yo me alejaba de mis padres sin saber que nunca más lo volvería a ver…Éramos dos personas ciegas por el amor… Él arrancó el coche, pero tuvimos que parar para abrazarnos, los dos llevábamos tanto tiempo esperando aquel momento que aún no nos podíamos creer que aquello pudiera ser real. Sentir a Manu tan cerca de mí, notar como se le aceleraba la respiración cada vez que se acercaba par a besarme, yo me volvía pequeña no sabía como asimilar aquello, por eso ahora digo que los sueños pueden hacerse realidad.
Estábamos yendo de camino hacia el aeropuerto, él me dejó escoger donde quería ir, y yo decidí Samoa, aquellas preciosas islas del pacífico donde siempre hace calor y nunca nadie no iba a encontrar. Aparcamos el coche, no había nadie en el pàrquing, no se oía ningún ruido, solos Manu y yo, en medio de la inmensidad de nuestros sueños. Todo ocurrió muy rápido, sólo recuerdo que el silencio se rompió con el seco sonido de un disparo.

NOMBRE: Clàudia Bochaca Sabarich