miércoles, 19 de septiembre de 2007

Redacciones

¡Hola alumnos y alumnas estimados!

Acabo de abrir el que será vuestro blog para lo bueno y para lo malo.
Lo malo es que todavía no tengo TODOS los correos electrónicos para invitaros y lo bueno es que acabamos de empezar y ya se sabe que empezar es lo más difícil.

Espero que participéis en la encuesta que hay al final del blog y colaboréis en su diseño.
La profe

2 comentarios:

Ur$uLa dijo...

EL SILENCIO DE LA NOCHE SE ROMPIÓ CON EL SECO SONIDO DE UN DISPARO



E
ran las 2 de la madrugada aproximadamente, y yo ese día me había quedado a dormir con unas amigas en la casa que Ana tiene en una urbanización en a orilla del lago de San Antonio para celebrar su cumpleaños.
Por la tarde habíamos hecho una fiesta donde estuvimos todo el rato jugando y riendo y por la noche pensábamos salir a dar una vuelta por los alrededores pero como empezó a chispear y estábamos muy cansadas nos quedamos en casa.
Allí empezamos a jugar al escondite, a arrancar cebollas y finalmente a la gallinita ciega.
Llevábamos más de 10 minutos jugando a la gallinita cuando, mientras estaba parando yo y todas mis amigas estaban escondidas en silencio, escuchamos el seco sonido de un disparo.
Fue un sonido muy impactante para todas nosotras y que nos dejó boquiabiertas y con la piel de gallina. Nosotras esperábamos que se oyesen más disparos pero fue un único disparo.
Al cabo de unos cinco minutos decidimos salir todas al exterior para ver lo que había ocurrido, aunque un profundo miedo nos recorría por el cuerpo e íbamos todas cogidas de las manos para atenuar el miedo.
Fuimos por el camino que conducía hasta el pueblo pero no vimos nada extraño ni nadie, aunque temíamos que alguien nos pudiera dar un gran susto.
Al ver que no había nada de raro decidimos volver a casa pero justo antes de entrar por la puerta nos percatamos de que en la casa del lado había una luz abierta en el piso superior que correspondía a la habitación donde dormía el dueño de la casa. Poca gente había visto a ese señor porque sólo salía de su casa para ir a comprar los miércoles al mercado del pueblo. Hacía 9 años que se había muerto su mujer y desde entonces todo había cambiado: ya no era el mismo, apenas se relacionaba con la sociedad y había dejado de asistir a las reuniones de la asociación de vecinos de esa urbanización ya que le había dicho al presidente que cualquier propuesta que se aceptaba estaba conforme con ella.
Pero no le dimos mayor importancia a esto y nos fuimos a dormir. Pero nuestra sorpresa fue al amanecer al día siguiente cuando vimos que aún estaba abierta la luz del vecino. Entonces cuando llegó el padre de nuestra amiga a buscarnos le contamos todo lo ocurrido y él decidió tocar al timbre del vecino para saber si estaba en su interior. Nadie contestó. Lo volvió a intentar unas cuantas veces más hasta que determinó llamar a la policía para informarles de todo lo que había pasado la noche anterior.
Cuando la policía llegó al lugar volvió a llamar al timbre y al ver que nadie contestaba entraron forzando la puerta. Al piso inferior no había nadie pero cuando subieron al piso superior se percataron de que la puerta de la habitación de la luz encendida estaba cerrada con llave por dentro y la ventana también, así que tuvieron que romper el paño para poder entrar y…
En la cama yacía el cuerpo del dueño de la casa muerto y con una herida de bala en la sien. En un principio se pensó que había decidido poner fin a su vida y se había disparado él mismo pero el asombro de todos los policías fue que no encontraron el arma y nadie había podido salir al exterior ya que la puerta y la ventana estaban cerradas desde dentro. Tampoco se encontraron huellas de otra persona y nunca se supo que había ocurrido con el arma y donde se hallaba.

nita dijo...

El silencio de la noche se rompió con el seco sonido de un disparo…


Faltaban dos días para que fuese el día de mi cumpleaños. Yo cumplía 15 años. Lo quería celebrar por todo lo alto en mi casa, pero no pudo ser porque, estábamos de obras. La
única solución para que yo pudiese hacer la fiesta era: ir a una casita que tenían mis padres en la montaña de santa Magdalena. No es una casa muy lujosa pero tiene las cosas básicas y es lo suficiente grande para caber todos.
Cuando ya tenía organizada toda la fiesta me tocó decidir a quien invitaba. Mi mejor amiga me hechó un cable y terminamos enseguida, tenía una lista de diecinueve personas. Repartí las invitaciones, y todos me contestaron confirmando su presencia. Así que solamente quedaba esperar para la llegada del día esperado y jamás deseado.
Llegó el día. Nos reunimos todos delante del instituto, desde allí empezamos a andar y llegamos hasta la casa.
Fue llegar y empezar a poner la música, beber alcohol, algunos fumar y… lo que hacen lo jóvenes en las fiestas.
Se estaba haciendo tarde y decidimos comer algo para luego hacer una pequeña excursión por la montaña. Llegamos a la cima de la montaña y decidimos hacer un fuego pequeñito para calentarnos y de repente el silencio de la noche se rompió con el seco sonido de un disparo y un grito. Todos chillamos y nos pusimos a correr hacia la casa, pero continuaban los disparos y más gritos. Era horrible y ninguno se podía llegar a creer que eso estuviera ocurriendo de verdad.
Al final sólo conseguimos entrar en la casa siete personas de las diecinueve que éramos. Habían desparecido doce personas. No teníamos palabras para describir lo que sentíamos los que conseguimos llegar a la casa, simplemente nos escondimos.
No había pasado ni un minuto cuando alguien llamó a la puerta, ninguno de nosotros se atrevía a abrir la puerta. Pero continuaban aporreando la puerta salvajemente, hasta que ésta cedió y cayó al suelo. Todos nos quedamos congelados. Yo estaba encerrada en el armario con Mariano y María, Pedro y Silvia estaban debajo de la cama y Cristina y Manolo detrás de la puerta.
El asesino entró en la habitación y Cristina y Manolo se le tiraron encima y le pegaron con todas sus fuerzas pero, no sirvió de nada. A Manolo, el asesino le disparó. El asesino salió herido de la pelea anterior y todos salimos del escondite. Empezamos a pelear todos contra él y cuando conseguimos inmovilizarle, Mariano cogió el arma y disparó a Silvia, la mató. Todos nos pusimos a correr, pero Mariano sólo me seguía a mi mientras gritaba mi nombre, era horrible. Pero lo peor fue cuando me caí por las escaleras y me quedé acorralada. Mariano me apuntaba con el arma y yo le pregunté: ¿Por qué? ¿Por qué haces esto? Él me contestó: ¡Porque hoy hace quince años que naciste, quince años que me ignoras, quince años que no te puedo sacar de mi cabeza, quince años que estoy enamorado de ti y, tu no me haces caso y yo me estoy volviendo loco y todo por tu culpa, tu eres la culpable de mi locura, y solamente tu puedes acabar con esto si tu mueres, lo siento, paammm!.



Cuando los abrí los ojos, vi a Cristina con una escopeta, había conseguido disparar a la espalda de Mariano, le había matado, me había salvado la vida. Corrió a ayudarme, a levantarme del suelo y me abrazó. No nos dijimos nada durante unos minutos hasta que aparecieron Pedro y María y nos fuimos corriendo hasta llegar al pueblo donde nos dirigimos al cuartel de la guardia civil y les explicamos todo lo ocurrido. Cuando terminamos de hacer la correspondiente denuncia, nuestro único deseo era poder dormir, olvidar y llorar. Fue una experiencia única e irrepetible y no deseada para nadie. Ahora ya han pasado cinco años y María y Pedro ya han desaparecido del mapa, Cristina en África trabajando en una ONG, y yo estoy sentada aquí, encerrada en un psiquiátrico, explicando una experiencia que nadie cree y que yo no consigo olvidar.