martes, 26 de octubre de 2010

SONARON TODAS LAS ALARMAS DE LA CIUDAD!

Eran las dos de la madrugada, me levanté de repente por culpa de un ruido muy fuerte que venía de la calle. Me levanté y abrí la ventana para poder averiguar lo que estaba pasando. Lo que me había levantado de la cama era la alarma de la tienda de al lado de mi casa, al principio me asusté un poco porque pensé que habían entrado a robar, pero al mirar a través de la ventana pude descubrir que no solamente era esa alarma, sino que estaban sonando todas las alarmas de las tiendas, museos, cines... de todas la calles que mi vista alcanzaba, pero suponía que estaban sonando en toda la ciudad.

La gente empezó a salir a la calle, a los balcones, por las ventanas... para poder averiguar lo que estaba ocurriendo. El problema es que nadie sabía nada, todos estábamos igual y no había ni rastro de la policía ni de ninguna autoridad a quien poder preguntar lo que estaba ocurriendo.

Al cabo de dos horas de sonar continuamente las alarmas cesaron y pude volver a la cama, pero no pude dormirme asta pasadas unas horas, me inquietaba la idea de no saber la razón por la cual todas las alarmas habían empezado a sonar a la vez.
Por la mañana siguiente todos los periódicos hablaban de la misma historia, pero todos decían distintas causas: algunos decían que era a causa de un fallo en el circuito eléctrico, otros daban distintas soluciones, pero ninguno coincidía. Supuse que nadie había podido explicar lo que realmente había sucedido.

Ahora, después de unos cuantos años, la gente de la ciudad cuenta esta historia , pero cada uno la termina como quiere, se ha convertido en una leyenda urbana.


Judith Colom

lunes, 25 de octubre de 2010

Quería dejar de soñar (sonaron todas las alarmas de la ciudad)

Primera alarma; (1:33 de la noche) La historia solo hacía que empezar. La joyería de mi barrio empezó a emitir su típica alarma que cada año oíamos. No era ni mucho menos inusual. Los ladrones de pacotilla intentaban asaltarla, nunca lo conseguían ; obviamente. Solo los pobres ignorantes lo intentaban, pues la joyería tenía más de tres cámaras en cada esquina, un guardia de seguridad y un detector de movimiento. Me levanté de la cama y fui a observar, nada ocurría, no había nadie en la calle. Ni el guardia. Ni ladrones. Me volví a la cama.

Segunda alarma; (2:35 de la noche) Sonó en la tienda de ropa. ¿Me estaba volviendo loco? La alarma de la joyería no paraba y cada vez más fuerte, y no era suficiente que empezó otra, los ladrones se habían puesto de acuerdo? Me levanté de nuevo, fui al balcón y miré hacia la tienda de ropa, nadie había allí. ¿Tenía que llamar a la policía? Hubiera sido bueno opción, pero decidí volver a la cama y ponerme tapones, las alarmas eran muy molestas.

Tercera alarma; (3:40 de la noche) Era una especie de broma surrealista? ¿Era todo un sueño? Me pellizqué y me dolió, no era un sueño.
- ¿Madre lo oyes? ¡Madre! ¿Estáis despiertos? ¿Dónde estáis? ¿Podéis oírme? ¡Qué alguien conteste por favor!
Me dirigí al balcón, nadie se veía.

Todas las alarmas; (3:43 de la noche). No se veía a nadie en el balcón. Yo gritaba y gritaba, pero las alarmas ganaban a mi voz. Era inútil. Bajé las escaleras y salí a la calle. Todo estaba cerrado, ni rastro de ninguna persona o animal.
- ¡Por favor! ¿Dónde estáis? ¿Por qué me hacéis esto?
Me calmé, mi voz interior quería seguir la lógica. Pero no tenía. Nada de eso tenía lógica. ¿Me iba a morir? No, o eso creía; o me gustaba creer. Volví a subir al edificio, allí estaría seguro. Nadie me oiría. ¿Cómo me iban a oír? Las alarmas retumbaban en mi cabeza. Cada vez sonaban más y más fuertes. ¿Qué me pasaba? Encendí el televisor, estaba en negro. Estaba maldito, ese iba a ser mi fin. Estaba muy asustado, cuando oí algo del televisor. No podía oír que era. De golpe las alarmas empezaron a cesar, esa voz tan familiar se oía cada vez más claramente. Aquella voz era de mi madre. Aquella voz me estaba gritando.
- ¿Qué te pasa Max?
Me desperté. Todo había sido un sueño. Gracias a Dios.
- ¡Mamá! ¡Nunca vuelvas a desaparecer!
- ¿Por qué hijo? Mamá siempre estará aquí. Ahora duérmete.
Nunca lo había pasado tan mal. Fue mi peor pesadilla. Estaba muy agotado. No tardé mucho en dormirme.


5:32 de la noche, me desperté. No podía dormir. Me levanté i fui a observar el balcón. Todo tranquilo, demasiado tranquilo. La alarma de la joyería empezó a sonar, no había guardia de seguridad.

SONARON TODAS LAS ALARMAS DEL MUSEO

EL ROBO

El plan estaba hecho, tenía que ser el robo perfecto, cuando apareció ella. Melena morena, ropa arrapada y botas con talón. Cuando la vimos bajar de su moto ya sabíamos que no podíamos empezar. El plan se aplazaba. Era la ladrona más famosa entre los ladrones del país. La policía de tres países la buscaban por robo, pero nunca la habían cogido.
Cuando la vimos bajar de la moto nos preguntamos: ¿cómo ha sabido nuestra intención? Entonces empecé a pensar que tal vez entre nosotros hubiera un espía, cómplice suyo. Se había parado ahí en medio para que la viéramos y tuviéramos que esperar a otra oportunidad. ¡Quién sabe cuándo sería!
Por el auricular avisé a todos del suspenso de la operación. Nos reuniríamos en el almacén. Cada uno por una ruta distinta fuimos hacia allí. Yo era en esos momentos el cabecilla de la organización. No confiaba en nadie, ni en mis hombres y claro estaba que hacía bien. Hablamos sobre Matilde, la ladrona. Nadie se lo explicaba. Alguien tenía que ir a hablar con ella. Ese era yo. Mis hombres me acompañaron con el coche, y me dejaron en el centro de la ciudad. Des de una cabina de teléfonos la llamé. Tenía su número, antes habíamos sido cómplices, hasta que me falló. Me dejó solo. No esperó y no dudó en huir sin mí. Nunca supe nada de ella, ¿se escondía?, hasta esa mañana, cuando bajó de su moto. Me cogió el teléfono y al oír mi voz, noté que tenía miedo. Aunque fue difícil quedé con ella para hablar.
Fue en una habitación de hotel, llamé a la puerta y vino a abrirme. Entonces le miré y… tenía una cicatriz en medio de la cara. Su rostro no era el mismo, pero conservaba aún su belleza. La cicatriz no había afectada a sus facciones casi perfectas. La miré a los ojos y vi que estaba muy asustada. Nunca antes la había visto así. Me pidió perdón, pero no la escuché, estaba llorando. Se arrepentía de verdad, pero no podía perdonarla así como así.
Tenía que ser frío y le pregunté cual era el motivo por el que estaba allí, por el que había fastidiado mis planes. No me contestó y me tuve que ir. No la podía reconocer, tenía mucha rabia en mi interior, yo la había querido mucho y volverla a ver me afectó un poco. ¿Qué le había pasado?
Me reuní con mis hombres, la reunión con Matilde no había servido de mucho. Volvimos a hacer el plan, y esta vez saldría bien. Tenía que robar un cuadro, estaba en la planta baja del museo, trabajo fácil. Tenía 30 segundos para cogerlo. Entré y cuando me sonó la alarma del reloj. Era mi turno, en esa sala no había nadie, todos se pensaban que había un equipo de limpieza. Lo cogí, y me dispuse a salir, pero había un policía viniendo hacia allí, se había dado cuenta. Me iba a pillar, cuando de pronto apareció ella. Estaba detrás de mí. Me volvió a pedir perdón y me dijo que esta vez no me iba a dejar solo, que me iba a ayudar. Que la otra vez, había sido víctima de un chantaje y como yo me escapé le cortaron la cara. Pensé que no teníamos escapatoria, pero ella abrió en el techo una trampilla, siempre me iba a sorprender y salimos por ahí. Pero con la mala suerte de que sin querer pisé uno de los rayos láser que cruzaban la sala. En ese momento sonaron todas las alarmas del museo.

MARTA OLIVA ALBERT

SONARON TODAS LAS ALARMAS DE LA CIUDAD

Sonaron todas las alarmas de la ciudad, hecho normal que sucedía cada mañana en aquel territorio cosmopolita. La diferencia era que aquel día ni eran las 6 ni las 7 de la mañana, sino que era la una de la madrugada. Salí al balcón para ver si había sido un sueño aquello de oír simultáneamente todas las alarmas de Chicago, pero no. Montones de personas habían salido al balcón para comprobar lo mismo que yo. Algún que otro despistado andaba con prisas por la calle pensando que debía ser la hora de ir a trabajar, abuelos yendo a comprar el pan y encontrado el establecimiento cerrado. Aquello era un caos. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? ¿Ir al trabajo o quedarme en casa y volver a la cama? Decidí encender el televisor para ver si hablaban de aquel extraño fenómeno sucedido, y efectivamente, al poner la cadena de televisión española el presentador de las noticias que cada mañana miraba con mi café delante, ahora hablaba de un hecho paranormal nunca visto. Todas las alarmas de la ciudad se habían adelantado y habían sonado en plena noche. Esto no había pasado solo en Chicago, sino que había sucedido en todo nuestro planeta. El presentador hablaba de mantener la calma y de no salir de casa hasta que nos dieran una señal. Esto alertó a toda la ciudad y las luces de todas las casas permanecieron abiertas. La gente estaba en guardia. De pronto una luz cegadora iluminó todo el territorio, llevándose consigo todos los habitantes de la Tierra menores de 18 años. Aquel era una plan para deshacerse de la raza humana. Cundió el pánico. La gente se saltó las indicaciones dadas por la televisión y todo el mundo empezó a correr por las calles. Un artefacto nunca visto, un ovni según los expertos, había aterrizado en la ciudad. Lo que querían era exterminar a la raza humana para hacerse con nuestro planeta, la Tierra. Lo que no sabían era que la humanidad estaba preparada para eso y más, y que tenían montones de armas y recursos para deshacerse rápidamente de ellos. Lo único que tuvieron que hacer los científicos con más prestigio de los Estados Unidos, fue lanzar un gas tóxico que mataba a los alienes de Marte. En realidad no sabían de donde venían aquellos seres extraños, pero no tenían más tiempo y tenían que intentarlo. Efectivamente, aquellos profesionales no se equivocaron, y fue soltar el gas de las bombonas donde estaba comprimido y los pocos habitantes de Marte que habían venido a conquistar la Tierra se fueron descomponiendo lentamente hasta quedar en cenizas que luego se lanzarían en un vertedero.


CLÀUDIA BOCHACA SABARICH

miércoles, 13 de octubre de 2010

Autobiografia de uno mismo: "Aborrezo profesiones"

Hoy día 14 de octubre celebro mi setenta cumpleaños sentado aquí, en mi viejo sillón, el que me ha acompañado durante casi toda la vida, ¿ qué digo? Toda la vida.
Empecé mi carrera como médico, la continué cómo actor y acabé cantante.
Con solo cinco añitos no tenía miedo a la sangre, es más, no me importaba ver sangrar. Bueno, no era un sicópata ni nada parecido, pero me encantaba todo lo relacionado con la salud. Mi gran familia de animales me permitía aprender, cuando uno se hacía daño, mi padre lo curaba y yo aprendía. Poco a poco, fui aumentando mi deseo, cada día me gustaba más. Me fui informando sobre todo a medida que avanzaba mi instituto. Sí, las ganas disminuyeron al ver el 8’9 de selectividad, pero tenía que poner todo mi empeño. Al cabo de dos años de entrar en el instituto descubrí el teatro, me encantaba. Fui aprendiendo, como en todas las ciencias. Me gustaba, pero la medicina predominaba en mí.
Al final de mi larga estancia en el instituto ingresé en la universidad de Medicina, lo conseguí. Fui progresando, la acabé en tan solo 4 años, nada normal. A los diez años era experto, venía gente de todos los lugares para visitarme, pero mi vida no valía la pena. Encontré a viejos amigos en la televisión y sentí una necesidad. La necesidad de actuar. Les llamé, estaban actuando en series nacionales y una amiga mía llegó a Hollywood. Volví a reprender mi antigua carrera y gracias a amistades llegué a lo más alto. Sabía actuar bastante bien, me gustaba y lo adoraba. Hice junto a una vieja amiga Hamlet de Shakespeare, era una de nuestras obras preferida. Ella vivía en Australia, era soltera y al igual que mi, aborreció su carrera de la cual era experta.
A los 32 años aborrecí el teatro, quería complicarlo y le incluí el canto.
Era actor cantante, y muy bueno, llegué a tener mi propio single, y Disco de Oro.
Al cabo del tiempo, volví a ser médico, no por mí, por la gente. Necesitaban de mi saber.
Todo esto os lo cuento hoy, que ya tengo setenta años y creo que todavía soy útil para el mundo.

AUTOBIOGRAFÍA DE UN PERSONAJE FAMOSO

Me llamo Clàudia Bochaca y nací en Barcelona el 1984. Soy de una familia de clase media. La menor de tres hermanos. Mis padres, Rosalia Sabarich Cino i Juan Bochaca Jordán son los dos médicos del hospital de Sant Joan de Deu. La profesión ya les viene de familia. Sus dos hijos mayores: Manuel, que estaba cursando la carrera de periodista y Juana que quería ser policía, se habían rebelado contra mis padres en su insistencia para seguir la tradición familiar y llegar a ser médicos. Papá y mamá, resignados, tenían la intención y la última esperanza de luchar lo más que pudieran para que yo, su hija pequeña, su última hija cursara la imponente carrera de medicina. Nunca me imaginé que mis padres iban a cuestionar mi futur. ¿ y los principios de libertad e independiente elección de carrera que nos habían enseñado en la escuela, dónde estaban? Mis padres me dijeron que no tenía elección, que si quería que me pagaran mis estudios tenía que ser médico, y que si no ya me podía estar buscando la vida; No querían otro pequeño monstruito rebelde en la familia, eso es lo que me dijeron. No podía imaginar aquello. Sólo tengo una vida para vivir, eso es lo que pensé entonces. La gran oportunidad que tenemos de estar aquí y de tener al alcance cualquier sueño que se nos pase por la cabeza. Tenemos que aprovechar cada uno de los segundos que nos regala la vida y usarlos para hacer aquello que de verdad nos satisface; CARPE DIEM pensé entonces. Empecé a compaginar mis estudios con el trabajo en un bar de tarde. Mis ahorros aumentaron. No hice bachillerato. No podía perder más tiempo, mis padres eran demasiado astutos y se hubieron podido pensar cualquier cosa para que su hija hiciera por fin lo que ellos querían. Fueron largas tardes discutiendo. Días enteros que parecían no terminar nunca. Gritos, peleas...A la fin me fui de casa, a vivir con Melanis, una amiga que venía del Pirineo para hacer el bachillerato a la gran ciudad. Tenía un piso y yo le había propuesto alquilarle una habitación. Me instalé y lo primero que hice fue dirigirme al instituto del teatro. Quería matricularme para este nuevo curso. Entré con el reflejo de ilusión en mi cara. Por fin, por fin estaba a punto de lograr aquello que tanto había deseado. Todas mis ilusiones desaparecieron cuando mi conversación con Blenia, la secretaria empezó. Tenía dieciséis, y para que un menor de edad entrase en la escuela, se necesitaba la autorización de sus padres o tutores legales. De no ser así, tendría que esperar hasta los dieciocho para entrar. Salí de aquel edificio con el pánico dibujado en mi cara. Qué haría ahora? Se había acabado todo, no podía esperar dos años. Si mis padres se enteraran de que no estaba estudiando ni haciendo nada de nada, me pondrían en el bachillerato y luego en medicina, viviera o no viviera en su casa.
Las hojas caían de los árboles cómo gritando que ya era otoñó. Pequeñas lágrimas mojaban mis rojizas mejillas. Fue entonces cuando apareció le luz. Una luz pequeña que mi hizo llegar a los grandes focos del escenario. Un hombre desenfadado, simpático, joven y muy guapo se me cruzó por el camino. Se giró y me preguntó el nombre, dijo que era director de cine y que estaba preparando una serie. Con sólo verme me había visto en el papel protagonista de la serie. Jane, una niña atrevida, con sus puntos de rebeldía y un corazón que no le cabía en el pecho. No hicieron falta castings, el papel era mío. Empezamos a ensayar, grabar… Todo aquel mundo era impresionante, yo no tocaba de pies al suelo, no podía creerme aquello. La serie empezó a emitirse un año después, a tV-3. Se llamaba “Res es imposible” Jorge el joven director de la película y yo nos habíamos enamorado a primera vista, y para cuando las serie empezó emitirse, me mudé a su casa que a partir de ahora también sería mía. Fue entonces cuando mis padres, gracias a la gran pantalla volvieron a tener noticias mías. Me los encontré en el plató después de la grabación de un capítulo nuevo. Me pidieron perdón por no haber dejado cumplir mi sueño desde un buen principio, que volviera, que me querían. Pero ahora era tarde, había podido llegar hasta allí sola y ahora no volvería a casa, ya tenía mi propia vida con Jorge y ellos me habían dejado en la calle en un momento difícil. Mi carrera siguió avanzando y al finalizar la serie, me cogieron para una película que se rodaba en Madrid: “sin fronteras” esto supuso la separación de Jorge y yo durante más de un año, pero no afectó nuestro amor. Jorge tenía un nuevo proyecto para dirigir una serie en Hollywood, y yo era su producto, protagonizaría aquella serie junto a Robert Pattinson. Ahora estoy viviendo en Hollywood, el rodaje de la película está yendo de maravilla pero no puedo contaros más…Esperó que deis una visita al cine cuando se estrene “noches de papel”. No os la podéis perder!

Clàudia Bochaca Sabarich

AUTOBIOGRAFIA DE UN FAMOSO

MARTINA MOLLY

Soy Martina y nací el 9 de julio de 1988 en Barcelona, Cataluña.
Mis padres son: Henry Molly y Elvira Lins. También tengo un hermana, un año y medio menor que yo, que se llama Lina.
Soy cantante y actriz.
Con diez años empecé a escribir cancioncillas y a participar en pequeños concursos, de karaoke y en algunas ferias de mi ciudad, Poblesa. Hasta que, un poco más mayor, en un concurso televisivo, el cual no gané, un productor me vio y me propuso un contrato con una discográfica. Desde entonces grabo mis discos ahí. He lanzado ya, 3 álbumes que han tenido mucho éxito. En los dos primeros, canto en catalán, la lengua que hablo más frecuentemente y la que considero mi lengua y en el último en inglés, la lengua de mi padre.
Él, es de Estados Unidos y conoció a mi madre en un viaje de trabajo, es policía y hacía un viaje para conocer los métodos policíacos de aquí. Y en ese viaje encontró a mi madre por casualidad, en una fiesta y se enamoraron. Él se mudo a vivir aquí y se instalaron en Poblesa. Mi padre dejó a su familia allí pero vamos cada verano a verles. Cuando voy allí les regalo mis discos a mis abuelos y a mis tíos. Aunque la ultima vez, cundo les quise regalar el último ya lo tenían. Mi discográfica los distribuye por todo el mundo.
Yo creo que mi madre es la persona que más me apoya y la que siempre me sigue donde voy. De su familia solo puedo decir cosas de mi abuela y de mis tíos. Mi abuelo murió cuando yo tenía dos años y mi hermana acababa de nacer, así que no me acuerdo de él. Al morir él, mi abuela vino a vivir con nosotros, y su casa se la dio al hermano de mi madre, Pedro, que acababa de casarse. Su casa no está muy lejos de la nuestra. Al vivir con nosotros mi abuela ha sido como una segunda madre. Por las noches antes de irnos a dormir siempre nos contaba cuentos y cuando la ayudábamos can las tareas de la casa siempre inventábamos canciones y ella nos las cantaba para hacer el trabajo menos pesado. De ella he sacado mi pasión por la música, cuando la escuchaba pensaba que cuando fuera mayor quería cantar como ella.
Ahora está ya más mayor y yo ya no vivo con ellos, pero siempre que llamo y hablo con ella, le cuento lo que estoy haciendo y ella me aconseja. Aunque no viva con ellos, les veo casi cada día.
Yo me he comprado una casa, a las afueras de Poblesa, para estar más tranquila. La prensa siempre me molesta y siempre saca fotos y explican cosas de mi vida. Siempre sacan cotilleos sobre supuestos novios y sobre tonterías de esas. A parte de esto mi casa es muy tranquila y hago una vida bastante normal.
Mi hermana es la única que no vive en el pueblo, pero viene a menudo. Ella es abogada, y su trabajo la obliga a vivir en Barcelona, donde vive con su marido. Se casó el año pasado. Ella es mi abogada particular, si tengo algún problema siempre la llamo y me lo soluciona.

Ahora estoy trabajando por una cadena de televisión que me ha propuesto el papel protagonista de una serie semanal. Había hecho de actriz, cuando era niña en la escuela, pero nunca pensé que lo volvería a hacer, hasta que me lo propusieron y creí que era un buen momento para hacerlo y me lo tomé como un reto. Creo que lo puedo hacer y qué puedo hacerlo bien.


MARTA OLIVA ALBERT

lunes, 4 de octubre de 2010

DESCRIPCION APARTIR DE UNA FOTOGRAFIA

El castillo que fuimos a visitar la semana pasada era un castillo medieval, uno de los más antiguos de Cataluña. Se trataba de un castillo defensivo, por eso estaba en lo alto de una montaña para poder ver a los enemigos acercarse cuando aún estaban lejos y poder estar preparados para contraatacar.
El castillo actualmente está en ruinas, tal i como lo dejaron sus últimos dueños al morir, los reyes de esa región.
No era un castillo muy grande estaba especializado básicamente en la defensa.
Tenía una torre del homenaje muy grande, donde residía al señor. Actualmente esa torre está completamente en ruinas y solamente se puede ver una pequeña parte de ella. Estaba en el sitio más seguro de todo el castillo, para que si los enemigos conseguían saltarse todas las defensas esa fuese el último refugio.
Se accedía al castillo por el patio de armas, estaba en el centro del castillo, comunicaba con todas las otras estancias, como la armería o la capilla, e incluso a un pasillo secreto que comunicaba con una pequeña iglesia que estaba a dos quilómetros de distancia del castillo, para que los señores pudiesen escapar del castillo en caso de asalto.
Al ser un castillo defensivo tenía muy pocas oberturas, y las pocas que tenía eran muy pequeñas, para evitar posibles ataques. Porqué una obertura muy grande podía ser un punto débil donde poder atacar.
Había una pequeña muralla a su alrededor, pero actualmente está casi completamente en ruinas.
Todo el castillo había estado construido con piedras de esa misma montaña, en esa época no se podían traer materiales desde muy lejos.
Actualmente hay una organización que está recogiendo dinero para poder restaurar lo más rápido posible ese castillo y evitar que se pierdan recuerdos de nuestro pasado.


Judith Colom

miércoles, 29 de septiembre de 2010

LA HISTORIA DEL CASTILLO DE MUR

A veces me pongo a pensar, y recuerdo todo el trascurso de la humanidad, mis antepasados, historias fantásticas…
La guerra reinaba por las tierras Pallaresas. Te estoy hablando de mucho tiempo atrás, cuando nuestros padres, abuelos y tatarabuelos aún no existían. El Castillo de Mur pertenecía entonces al señor Arnau Mir de Tost. Era un conde muy importante en aquel momento. A él le pertenecían distintos castillos de las tierras leridanas.
El castillo de Mur, era la construcción más bien situada y de más valor que tenía aquel noble. Por eso, se encontraba en constantes ataques con el fin de invadirle su preciosa residencia. Arnau defendía como si le fuera la vida a aquel castillo que lo había visto crecer y sólo lo abandonaba si la causa se lo merecía y estaba bien justificada. El castillo no era muy grande, pero poseía una amplia colección decorativa de considerable importancia. Tenía un grupo de criadas y caballeros a la disposición del conde, y no había nunca ningún problema de coordinación a causa del buen ambiente que se respiraba en aquel edificio.
Todo reinaba junto a la paz y la fraternidad hasta que un día, unas nuevas tropas vinieron a atacar al castillo del señor. Este ejército, pero, no era como los otros, sinó que poseía muchos más caballeros y un noble a la cabecilla, ni más ni menos que el señor de Aragón, uno de los más poderosos del reino de España. Arnau no había previsto aquello. Los primeros rayos del sol rompieron el sigilo de la noche. Las tropas aragonesas iban ganando territorio mientras los hombres del castillo luchaban con sudor y sangre, con inútiles esfuerzos que iban a cobrar con su vida.
Durante una de las luchas, Arnau experimentó una nueva sensación en medio de todo aquel mar de lágrimas, una chispa de esperanza, un galope en su corazón. Sintió algo nuevo dentro suyo, algo que le sacaba por algunos momentos del duro corazón de un luchador: el amor. Ella era Valença, la hija del rey de Aragón.
La lucha terminó para entonces, los hombres aragoneses dieron un día de tregua a aquella difícil batalla. Arnau seguía pensando en cómo podía ganar al rey , pero su cabeza cambiaba de sentido para llegar siempre a la misma imagen, Valença, con su piel blanca y su melena negro carbón, con aquellos ojos que reflejaban una mirada pura pero con una expresión de dolor en la cara, él sabía que podría llegar a hacerla feliz.
Valença había sentido lo mismo por el conde aquel día. Al cruzarse sus miradas, había nacido un nuevo fruto entre ellos, había nacido el amor.
Ella era una chica valiente, segura consigo misma y dispuesta a hacer lo que hiciera falta para cumplir sus sueños así que camuflada con el vestido de una criada a la cual había contado su historia, se fue hacia el cuarto de Arnau.
Él le ordenó que le trajera un vaso de vino y al cabo de un segundo tubo tiempo para reconocer quien era. Era ella, la chica de la cual se había enamorado en la última lucha.
Los dos se abrazaron, no había palabras, aquel momento era como la eternidad deseable.
Cuando se despertaron de aquella fantasía, Valença le contó su plan a Arnau.
El truco para que el ejército de Aragón fuera invencible era la inmortalidad del padre de Valença, nada podía matarlo ni siquiera un disparo en el medio del corazón, nada. Sólo ella y su madre conocían su secreto, el punto débil del rey era el meñique, de la mano izquierda, si se los cortabas, el rey moría al instante. Este hecho paranormal era así desde que era pequeño. El niño nació con aquel dedo más desarrollado que los otros, no se sabía el porque y empezaron a ir a médicos para que descubrieran aquel misterio. La única persona que supo ver lo que tenía, fue la bruja del pueblo, Mariana. Le contó que esto era genético y que alguno de sus antepasados habría tenido también aquellos mismos síntomas.
Arnau corrió a reunir a todos sus hombres y convocó otra batalla inmediata, los aragoneses aceptaron. Querían acabar con aquello de una vez por todas.
La batalla empezó. Arnau, con todo el coraje del mundo luchando por el amor a Valença y a su querido castillo, avanzó cortando cabezas hasta llegar al invencible rey. Manejó la espada con unos movimientos ligeros y hábiles y le cortó el dedo. Fue cosa de unos segundos para que se cayera del caballo y perdiera la vida, dejando a su alrededor un ejército perdido, que al verlo abandonar este mundo, giraron galopando lo más rápido que podían. El hermano de Valença la cogió por el brazo. Ella le hizo que no con la cabeza, entonces el futuro rey de Aragón lo supo. Era su hermana quién los había traicionado. Todos los caballeros de Mur empezaron a gritar, bailar y celebrar la victoria.
Mientras tanto Arnau y Valença observaban cada paso que daban los caballos dándose la fuga por la ladera de la montaña hacia Aragón. Sin su rey, sin su poder inmortal, sin un rumbo a seguir.
Ellos dos permanecían abrazados, iluminados por la luz rojiza de la posta del sol, alimentando aquel amor que tantos años les había costado descubrir, aprovechando cada momento que les llevaría a una eternidad juntos.

Venir aquí, ahora que este castillo está en runas, me hace recordar la historia de mi familia. Sí, pertenezco a la familia de los dueños del castillo de Mur, soy hijo de hijos de Arnau y Valença, y me siento orgulloso de esto. Ahora, el castillo, ya no pertenece a nuestra familia, es patrimonio cultural. Pero lo que sí que pertenece a mi familia son los recuerdos y la historias que se esconden entre sus paredes, la sensación que siento cuando estoy delante suyo, el poder de pertenecer a una maravilla como aquella.




Clàudia Bochaca

Una recompensa, ¿merecida? (fotografía)

Agradece a la vida todo lo que te pueda ofrecer pues hay veces que no existen las segundas oportunidades.
- ¡Cúralo por favor!
- ¡No puedo, si lo curo me matarán! Me declararán hereje de la patria.
- Usted es monja, ¿va a ofender a Cristo?
- ¡Usted no sabe nada sobre Él!
- Puede que no, pero mi hijo se está muriendo, necesita ayuda urgente y usted es la única que puede hacer alguna cosa. Por favor, si le cura la puedo ayudar. No tengo mucho dinero pero la daré todo lo que esté en mis manos.
- Lo siento de verdad, ¡pero mi valeroso rey me matará si le ayudo!
- ¡Se lo suplico! ¡Sólo tiene 15 años!
- ¡Briggitte, ven aquí corre, los musulmanes están instalándose a los alrededores del castillo, tenemos que irnos!
- No se vaya querida monja, por favor, acepte mis tierras, mis joyas, todo lo que tengo, pero cúrelo por favor.
- Perdóneme Cristo, pero he de marchar, no puedo curarlo.
- ¡Qué Dios la maldiga monja! Celebre en el castillo los días que le quedan, pues usted está maldita y al igual que mi hijo morirá.
Briggitte corrió en dirección al soldado que la protegía en medio de toda la batalla. Entraron por unos túneles subterráneos y llegaron al castillo. Al Castillo de Mur. Era un castillo grande en lo alto de una montaña. Las vistas eran impresionantes, siempre había querido vivir allí. Briggitte se dirigió hacia la cámara del rey donde tenía que explicar el recuento de muertes y heridos de ambos bandos. Ella hacía todo lo posible para contarlos pero no era ni mucho menos una ciencia exacta. Cuando acabó se fue hacia sus aposentos, eran más bien lujosos, una cama, una mesa y una vela acabada de encender. Tenía muchos remordimientos, tenía que haber ayudado al pobre hombre, no se lo merecía. Su rey no le gustaba pero el propio no es que fuese muy diferente. Se fue a dormir pensando: “¿Soy mejor persona por adular a mi Dios y por repudiar el de los demás? Quizás sí, siempre me lo han dicho”.
Briggitte se levantó sudando, no era de día y según la luna todavía faltaba para serlo. Cogió su vela apunto de apagarse y se dirigió hacia la cocina para echarse un poco de agua. Iba caminando y sus pasos era el único sonido que se oía. Se apagó la luz de su vela. Un viento empezó a azotar a todo el pasillo y Briggitte empezó a notar cómo se iba congelando poco a poco, ella pedía auxilio, pero nadie acudía. Gritaba y gritaba. Se despertó, era un sueño, miró hacia la luna faltaba mucho para que fuese de día. Se asustó como una niña pequeña cuando no encuentra a su madre. Aunque no distaba muchos años de ser una niña, sólo tenía 17 años. Y cómo tal, hizo lo que cualquier niña haría, gritar. Cinco o seis hermanas aparecieron y le dieron unas cuantas mantas; ella estaba muy fría, hipotérmica.
A la luz del alba Briggitte se sentía cansada y recordaba las palabras del joven padre: “Celebre en el castillo los días que le quedan, pues usted está maldita”. Y si era verdad –pensó. No puede ser, Él me protege.

La batalla continuaba y Briggitte se preguntaba si de verdad valía la pena luchar por el poder. Quizás no- pensó.
Briggitte sintió la necesidad de visitar el sitio donde pocas horas antes había estado su paciente. Allí había una cruz hecha con palos de madera y en ellos estaba gravado:
“Este era tu Dios, no? Pues así lo he enterrado, cómo usted quería, con una cruz. Pero recuerde que no muere solo, usted caerá con él. Por el nombre del padre, del HIJO, del espíritu Santo,
Amén”.
Briggitte estaba muy asustada, ella no quería morir, al igual que el chico de 15 años. Se sentía impotente, al igual que el padre del chico; se sentía como ellos. Tenía que encontrar al padre, le tenía que pedir disculpas era lo menos que podía hacer. Cogió una sábana blanca y trotó hacia el campamento enemigo. Con mucho valor pregunto: “¿Está aquí el padre del niño fallecido?” Nadie contestó, la miraban con cara de asco, la repudiaban y ella se arrepentía. No lo curó por creer que unas personas son mejores o peores, porque creía que una gente que no quería a Cristo no podía ser feliz y ahora ella lo entendía. Los musulmanes de justo delante suyo se apartaron y dejaron a la vista una gran cruz con el padre clavado en ella. Briggitte gritó, sollozó. Cuando se recompuso dijo: “¿Por qué le habéis hecho esto?” Los musulmanes no contestaban, no entendían lo que decía, pero la repudiaban. Uno de ellos empezó a lanzar flechas a su alrededor, tenía que correr, todos lanzaban flechas, algunas incendiadas, cada vez se acercaban más y más, Briggitte estaba agotada, no podía correr más, se tuvo que parar, creía que no estaba a tiro. Se sentó y miro hacia el río de delante. En el reflejo vio al hijo, más tarde al padre, los dos sonreían.

Una flecha la alcanzó.

(De la redacción a partir de la fotografia)



David López

EL CASTILLO DE LAMBRI

DESCRIPCIÓN DE UN CASTILLO

Ahora os voy a describir y a contar la historia de un castillo, el castillo de Lambri.
El castillo es de la Edad Media, y en estos momentos está en ruinas, pero en su era de esplendor era muy bonito.
Está construido sobre una montaña de piedra, para que cuando viniesen sus enemigos, pudieran verlos venir y prevenirse, armar a su ejército e irse a esperarlos. En aquella época había batallas casi cada día así que la gente ya estaba acostumbrada.
El castillo en si, es grande, pero tiene como dos partes: la parte del castillo (la más grande) y la de un poco más abajo, que eran algunas casas. No os penséis que era un castillo de reyes y princesas, era el castillo de un noble. Este era tan rico e importante que tenía un ejército propio. Todos sus soldados vivían en su castillo con él, su mujer y sus dos hijos. El mayor era el que sería el heredero de la fortuna de su padre y al pequeño lo enviarían a un colegio de monjes.
No era muy grande, así que los soldados tenían que dormir en las cuadras con los caballos o estar de vigilancia toda la noche. El noble, el señor de Lambri, tenía también unos campesinos que vivían alrededor del castillo (en las casitas que he dicho antes) con sus familias y trabajaban para él. De ellos sacaba la comida, pagándoles muy poco. Les cedía sus tierras y ellos las conreaban, tanto para su señor como para ellos. Por la época en la que estaban el señor de Lambri era muy bueno.
Ahora están todas derruidas y solo queda su estructura, las paredes de fuera. El castillo en cambio, por dentro aun conserva algunas de las paredes principales que con los años han sido arregladas varias veces. En la parte trasera del castillo, hay un acantilado, eso hacía que por ese lado ya no hiciera falta vigilar.
Para llegar al castillo hay un camino, al cual puedes acceder con el coche, pero antes nos se podía acceder fácilmente, cosa que lo hacía más seguro. Se tenía que subir por un caminito de la montaña, estrecho y rocoso, después al llegar delante del castillo tenías que acceder a la muralla. De la muralla ya no se conserva ninguna parte. Se ve que en una de las batallas un rey que quería las tierras y las riquezas del noble la tiró al suelo entrando en el castillo y robando todo lo que tenía. Le perdonó la vida, a él y a su familia, pero se llevó a su hijo pequeño, para que se casara con su hija. El noble y su mujer no volvieron a verle más. Por esto el castillo está derruido, porque al no tener nada no pudo reconstruirlo. Y tanto él como su familia se fueron a vivir en una cabaña que tenían en el bosque, o eso dice la historia. El castillo se quedó tal y como lo dejó el señor Lambi y ahora forma parte del patrimonio catalán.
Por esto en lo alto de la torre del castillo hay una bandera catalana. Al pasar los años y existir la comunicaciones en la montaña hay pilares para la electricidad.
Este castillo se puede visitar y aunque está un poco degradado es bonito de ver. Puedes subir hasta la torre, ya que la escalera aun aguanta y la han reformado. Y desde ahí hay una vista magnífica.


MARTA OLIVA ALBERT

El silencio de la noche...

El silencio de la noche se rompió con el seco sonido de un disparo. Yo estaba durmiendo y salté de la cama de un salto, comencé a gritar como un desesperado, me fui corriendo hasta la cocina y vi todo el charco de sangre junto al cadáver de mi perro Gimbo, comencé a mirar por los lados si había algún rastro del asesino, pero no vi a nadie y salí a fuera y me encontré un matorral de pelos de color negro, yo me asusté porque pensaba que esos pelos eran de un lobo, y me fu corriendo a casa a llamar a la policía y a una ambulancia. Primero llegó la policía, examinaron el cadáver de mi perro y después me interrogaron a mi, yo estaba muy nervioso y triste. Uno de los policías encontró unas manchas de sangre a mi habitación y el jefe de policías sospecho tanto de mi que me arresto provisionalmente hasta que se terminara la investigación mientras que a Gimbo se lo llevaron al centro de cadáveres de animales.
Yo estaba en la cárcel mirando el cielo, ese día había luna nueva, y de repente me empezó a doler la barriga i la cabeza. Estaba notando cambios en mi cuerpo, me mire los brazos y vi que tenia mas pelo de lo a menudo, sentía que los dientes me crecían junto con las orejas. Me mire al espejo i vi que todo mi rostro había cambiado por un hombre lobo. Yo grite como un desesperado rompí los barrotes y me fui al bosque a buscar refugio, por supuesto que todo el cuerpo policial, los cazadores furtivos... me estaban buscando para matarme, toda la noche escondiéndome de la muerte hasta que llege a un laboratorio, entre y el científico que había allí se aterrorizo, pero yo le explique que me pasaba, el me entendió y me acepto ayudarme. Me hizo una pruebas para ver come estaba y al final me dio unas pastillas y al cabo de diez segundos volví a ser un humano corriente, yo me fui corriendo a buscar los que me estaban buscando y les explique todo ellos lo entendieron, pero siempre hay una persona que lo echa todo a la mierda, y me disparo entre ceja y ceja y caí en seco.

Pau Maza