Era un martes nublado de un mes lluvioso. Estaba en clase de castellano. La profesora nos sorprendió a todos cuando nos mandó hacer un trabajo de tres páginas sobre un tema que escogeríamos al azar. La profesora sacó una bolsa llena de papeles y los fue pasando por los pupitres para que cada alumno cogiera uno. Cuando a mí me llegó la bolsa de temas, cogí el mío y me salió… ¡Dios lo que me salió! Me tocó un papel en el que ponía: “Debía de volver a empezar…”
Yo no sabía qué escribir en esa redacción.
Cuando llegué a casa empecé a buscar por internet como hacer esa redacción, ya que ese tema era realmente complicado. ¡Tenía un cacao mental! ¿Quién me mandaba coger ese maldito papel?
Me pasé varias tardes buscando la manera de empezar esa tarea. Consulté a mi madre, a mi padre, a mi abuela, hasta se lo pedí a mi vecina del tercero, la de los rulos y la mascarilla de pepinillos.
Entonces, mientras estaba estudiando matemáticas para el examen del día anterior a la presentación del trabajo, se me ocurrió una genial idea de cómo hacerla.
Esta ocurrencia me vino mientras hacia un ejercicio de extrema dificultad en el cual me equivoqué en un paso y lo tuve que volver a hacer por completo. Entonces pensé: “!Qué rabia, tengo que volver a empezar!”. Eso me hizo pensar en la idea sobre la que escribiría: la frustración que representa hacer una cosa y que te la hagan repetir por completo.
Así fue como me puse a escribir la historia sobre un chico al que le mandaban hacer un terrible trabajo de varias páginas sobre la psicología de la llama albina en cautividad y se lo hacían repetir porque no les gustó como trataba el tema.
Así fue como el lunes anterior a la exposición me puse a escribir hasta lograr 872 palabras en mi redacción.
El día siguiente la expuse a la profesora, la cual la miró y dijo: “Chico, yo quería ver la redacción escrita con tu letra para controlar las faltas que haces sin corrector del Word. Te voy a dar otro tema y la vuelves a escribir para la semana que viene.”
Me quedé como muerto: Debía de volver a empezar.
lunes, 18 de mayo de 2009
Ahora debía volver a empezar.
Ahora debía volver a empezar, otra vez, todos los profesores a poner exámenes la misma semana. Será que no hay días en el trimestre para poner los exámenes. Pero claro ellos todos a la estampida a poner exámenes el mismo día y si encima te quejas de que ese día ya tienes otros se enfadan. Luego si les pides el examen corregido siempre tienen excusas y casi nunca (casi) los traen, y todos hacen la misma broma:
-Sí que los traigo, pero no corregidos.
Y si un día los traen corregidos bronca por los malos resultados, y si quieres o te atreves quéjate que es peor.
Por ejemplo en inglés nos ponen un examen que la profesora se lució para jodernos, perdón por la expresión, y luego se queja de que ha ido muy mal.
Todos igual que si han ido mal que si no habéis estudiado, que si no se qué, que si no se cuantos… pero como hemos de estudiar si cada día tenemos varios exámenes y hasta ahora jugaba el barça entre semana, y luego nos piden resultados… como no sean los del futbol, no sé qué resultados vamos a dar.
Conclusión que los profesores se ponen de acuerdo para poner los exámenes las mismas semanas y días. Luego entre futbol y cole cantamos Copa, Liga, Champions, Valle-Inclán, parábolas y la ONU de la Pilar…
-Sí que los traigo, pero no corregidos.
Y si un día los traen corregidos bronca por los malos resultados, y si quieres o te atreves quéjate que es peor.
Por ejemplo en inglés nos ponen un examen que la profesora se lució para jodernos, perdón por la expresión, y luego se queja de que ha ido muy mal.
Todos igual que si han ido mal que si no habéis estudiado, que si no se qué, que si no se cuantos… pero como hemos de estudiar si cada día tenemos varios exámenes y hasta ahora jugaba el barça entre semana, y luego nos piden resultados… como no sean los del futbol, no sé qué resultados vamos a dar.
Conclusión que los profesores se ponen de acuerdo para poner los exámenes las mismas semanas y días. Luego entre futbol y cole cantamos Copa, Liga, Champions, Valle-Inclán, parábolas y la ONU de la Pilar…
martes, 12 de mayo de 2009
lunes, 11 de mayo de 2009
martes, 5 de mayo de 2009
SONETO - PARTIDAZO
Ese dia el bar era una olla a presión
la gente estava realmente ansiosa
ya que el barcelona (no es poca cosa)
jugaba en el bernabeu y con pasión.
En el minuto trece, decepción
gol rival, una posición odiosa,
en diez minutos situación airosa
el barça dos veces entró el balón.
De pronto el barça empezó el recital
llovian goles, ivan a chorrear.
Todos lo hicieron bien, asta Abidal.
Los merengues querian eso acabar
seis goles no les parecian normal.
Partidazo, uno para no olvidar.
por Guimó
la gente estava realmente ansiosa
ya que el barcelona (no es poca cosa)
jugaba en el bernabeu y con pasión.
En el minuto trece, decepción
gol rival, una posición odiosa,
en diez minutos situación airosa
el barça dos veces entró el balón.
De pronto el barça empezó el recital
llovian goles, ivan a chorrear.
Todos lo hicieron bien, asta Abidal.
Los merengues querian eso acabar
seis goles no les parecian normal.
Partidazo, uno para no olvidar.
por Guimó
Teseu i el minotaure.
Aquest enllaç porta a un video del mite.
http://chironis.vodspot.tv/watch/891558-el-cuentacuentos-2-teseo-y-el-minotauro
Aquest us proporciona informació sobre el minotaure
http://es.wikipedia.org/wiki/Asteri%C3%B3n,_el_Minotauro
Fes la lectura del text i, aprofitant la informació que tens a Wikipedia, explica qui són els personatges de la història, des de quin punt de vista està explicada i quines diferències veus entre el mite original i la adaptació de Borges.
Explica la història des de el punt de vista de Ariadna i penja-la al blog.
La casa de Asterión
Jorge Luis Borges
Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.Apolodoro, Biblioteca, III,I
Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito*) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol;. abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.
¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
FIN
http://chironis.vodspot.tv/watch/891558-el-cuentacuentos-2-teseo-y-el-minotauro
Aquest us proporciona informació sobre el minotaure
http://es.wikipedia.org/wiki/Asteri%C3%B3n,_el_Minotauro
Fes la lectura del text i, aprofitant la informació que tens a Wikipedia, explica qui són els personatges de la història, des de quin punt de vista està explicada i quines diferències veus entre el mite original i la adaptació de Borges.
Explica la història des de el punt de vista de Ariadna i penja-la al blog.
La casa de Asterión
Jorge Luis Borges
Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.Apolodoro, Biblioteca, III,I
Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito*) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol;. abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.
¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
FIN
lunes, 4 de mayo de 2009
soneto :S
Al pasar por aquellos bellos valles
Y sentir el corriente del río Rin,
Me acordé de las olas de los mares
Que me acompañaron desde chiquitín.
Sentía esa libertad tan cerca
Y tenía tantas ganas de huir,
que no se me ocurrió cosa mas vana
que cerrar los ojos e intentar morir.
El aire frío del acantilado
recorrió todo mi cuerpo latente.
¡Ay que corazón tan enamorado!
Y cuando por allí pasó un mercante
recordé mi viejo barco preciado
y el honrado pirata andante.
Y sentir el corriente del río Rin,
Me acordé de las olas de los mares
Que me acompañaron desde chiquitín.
Sentía esa libertad tan cerca
Y tenía tantas ganas de huir,
que no se me ocurrió cosa mas vana
que cerrar los ojos e intentar morir.
El aire frío del acantilado
recorrió todo mi cuerpo latente.
¡Ay que corazón tan enamorado!
Y cuando por allí pasó un mercante
recordé mi viejo barco preciado
y el honrado pirata andante.
¿Soneto?
No tenía otro trabajo teresa que
a poco de el examen exigir
un soneto de deber a escribir
sin que apenas ni practicado esté.
Ni el mismo Lope de Vega que
por grande que fuera en lo de escribir
(aunque a mi pronto me hace restriñir)
si se merece un señor puntapié.
Pues gracias al ilustre señor
a la gente ni un soneto le gusta
pues nos comparan a él, perjudicial.
Puedes tu ser poeta soñador
que aprobar el soneto con teresa
solo en tus sueños podría ser real.
a poco de el examen exigir
un soneto de deber a escribir
sin que apenas ni practicado esté.
Ni el mismo Lope de Vega que
por grande que fuera en lo de escribir
(aunque a mi pronto me hace restriñir)
si se merece un señor puntapié.
Pues gracias al ilustre señor
a la gente ni un soneto le gusta
pues nos comparan a él, perjudicial.
Puedes tu ser poeta soñador
que aprobar el soneto con teresa
solo en tus sueños podría ser real.
martes, 21 de abril de 2009
EL RACING DE SANTANDER (HISTORIA DE SUSPENSE)
Eran las siete de la tarde y los padres de Andrea sacaban el coche para marcharse a pasar una noche a la Almunia donde vivían sus abuelos. Ella había decidido quedarse ya que le parecía que ese pueblo era muy aburrido. Además, el viaje desde Santander hasta el pequeño pueblo de Aragón se le hacía eterno y pasaba un mal rato ya que ella se mareaba muchísimo. Para más colmo, allí no tenía ningún amigo.
Por eso prefería quedarse en su casa mirando una buena película de suspense. Sus padres le habían prohibido salir. Le pidieron que se quedara sola en casa. Bueno, no completamente sola: su abuelo paterno también se quedaba en la ciudad.
En ese momento ya no estaba con ella porque ese día el Racing, el equipo de futbol de la ciudad donde viven, jugaba las semifinales de la copa del Rey y él se había marchado al bar con sus amigos del barrio para ver el partido. Si se hubiera quedado en casa, su nieta no le hubiera dejado ver el partido ya que ella odia los enfrentamien-tos de este deporte.
Andrea ya había cenado cuando se puso a ver una famosa película de terror llamada “Scream”. No la había visto todavía y varias amigas suyas se la habían reco-mendado.
Se le hicieron las doce y cuarto cuando se acabo esa película. Había pasado terrible horror. Se le quedaron grabados en la mente unos momentos terroríficos de la película. Sabía que esa noche le costaría dormir.
Ya era la una y cinco minutos y no podía pegar ojo. Daba vueltas por toda su cama. Sólo pensaba en esa imagen del asesino de la máscara acercándose por detrás a una pobre chica durante una fiesta y sus dos ojos se abrían como enormes naranjas.
Entonces, cuando menos se lo esperaba, se oyó un ruido. Andrea se asustó, pero después intentó tranquilizarse a si misma ya que se decía que debía ser la caldera, espanto que ya había experimentado otras noches.
Al poco rato se volvió a oír el mismo ruido. No le hizo caso esta vez. Pero el ruido seguía y esta vez se oía de fondo una voz ronca que gritaba cosas raras. Cada segundo que transcurría aumentaba más su miedo. Después de unos instantes que se hicieron eternos, los ruidos pararon. Ahora Andrea no podía cerrar los ojos ni en broma. Estaba superalterada, y sólo le faltó ver, al cabo de dos minutos de callar las extrañas voces, una imagen de un hombre pasando lentamente por su ventana.
Se levantó y fue rápidamente a coger un cuchillo de la cocina y, escondida tras un armario, esperaba qué podía pasar.
De repente se oyó como se abrían los postigos de la puerta del jardín. Andrea estaba muy asustada, no podía más. Con dificultades podía mantener el cuchillo en su mano.
A los pocos segundos se abrió la puerta del fondo y salió alguien. Andrea gritó con todas sus fuerzas, cerró sus ojos, se le rompió la voz a la mitad del escándalo y fue entonces cuando oyó:
- ¡Niña, que el Racing ganó!
Andrea se quedó parada. ¿Algún asesino decía esas cosas? Ella se esperaba un: “Estás muerta” o un “Despídete”.
Entonces, allí donde estaba, medio escondida en un rincón al lado a la nevera, con los ojos cerrados y medio desconcertada, le vino a la mente de que era su abuelo, que había ido al bar a ver el futbol y que probablemente se había olvidado sus llaves.
Entonces la chica se giró lentamente y abrió los ojos. Lo que vio fue, en un primer instante, las llaves del abuelo sobre la mesa del comedor, cosa que le supuso un alivio enorme, y lo segundo fue al girarse completamente, un hombre alto con una máscara blanca y una camiseta del Rácing apuntándola con una escopeta de caza.
Por eso prefería quedarse en su casa mirando una buena película de suspense. Sus padres le habían prohibido salir. Le pidieron que se quedara sola en casa. Bueno, no completamente sola: su abuelo paterno también se quedaba en la ciudad.
En ese momento ya no estaba con ella porque ese día el Racing, el equipo de futbol de la ciudad donde viven, jugaba las semifinales de la copa del Rey y él se había marchado al bar con sus amigos del barrio para ver el partido. Si se hubiera quedado en casa, su nieta no le hubiera dejado ver el partido ya que ella odia los enfrentamien-tos de este deporte.
Andrea ya había cenado cuando se puso a ver una famosa película de terror llamada “Scream”. No la había visto todavía y varias amigas suyas se la habían reco-mendado.
Se le hicieron las doce y cuarto cuando se acabo esa película. Había pasado terrible horror. Se le quedaron grabados en la mente unos momentos terroríficos de la película. Sabía que esa noche le costaría dormir.
Ya era la una y cinco minutos y no podía pegar ojo. Daba vueltas por toda su cama. Sólo pensaba en esa imagen del asesino de la máscara acercándose por detrás a una pobre chica durante una fiesta y sus dos ojos se abrían como enormes naranjas.
Entonces, cuando menos se lo esperaba, se oyó un ruido. Andrea se asustó, pero después intentó tranquilizarse a si misma ya que se decía que debía ser la caldera, espanto que ya había experimentado otras noches.
Al poco rato se volvió a oír el mismo ruido. No le hizo caso esta vez. Pero el ruido seguía y esta vez se oía de fondo una voz ronca que gritaba cosas raras. Cada segundo que transcurría aumentaba más su miedo. Después de unos instantes que se hicieron eternos, los ruidos pararon. Ahora Andrea no podía cerrar los ojos ni en broma. Estaba superalterada, y sólo le faltó ver, al cabo de dos minutos de callar las extrañas voces, una imagen de un hombre pasando lentamente por su ventana.
Se levantó y fue rápidamente a coger un cuchillo de la cocina y, escondida tras un armario, esperaba qué podía pasar.
De repente se oyó como se abrían los postigos de la puerta del jardín. Andrea estaba muy asustada, no podía más. Con dificultades podía mantener el cuchillo en su mano.
A los pocos segundos se abrió la puerta del fondo y salió alguien. Andrea gritó con todas sus fuerzas, cerró sus ojos, se le rompió la voz a la mitad del escándalo y fue entonces cuando oyó:
- ¡Niña, que el Racing ganó!
Andrea se quedó parada. ¿Algún asesino decía esas cosas? Ella se esperaba un: “Estás muerta” o un “Despídete”.
Entonces, allí donde estaba, medio escondida en un rincón al lado a la nevera, con los ojos cerrados y medio desconcertada, le vino a la mente de que era su abuelo, que había ido al bar a ver el futbol y que probablemente se había olvidado sus llaves.
Entonces la chica se giró lentamente y abrió los ojos. Lo que vio fue, en un primer instante, las llaves del abuelo sobre la mesa del comedor, cosa que le supuso un alivio enorme, y lo segundo fue al girarse completamente, un hombre alto con una máscara blanca y una camiseta del Rácing apuntándola con una escopeta de caza.
Historia de intriga
Se celebraba una multitudinaria fiesta de cumpleaños en un transatlántico que se dirigía a Montecarlo, era el cumpleaños de Katy la hija mayor del actual presidente de los Estados Unidos de América, la joven Katy cumplía 18 años y estaba recibiendo una gran fiesta. Había unos 400 invitados, amigos de la joven, políticos y gente con importantes cargos, había dotaciones de la policía ya que el presidente era muy perseguido y algún sospechoso se podía haber infiltrado en la fiesta sin mucha dificultad.
Bien avanzada la fiesta el presidente si disponía a dar un discurso para todas las personas en honor de su hija cuando de repente hubo un apagón, se fue la luz y empezó a sonar una especie de alarma, todo el mundo estaba aterrorizado y se oyó un fuerte disparo, el capitán del barco encendió la luz de emergencia y se pudo ver al presidente al suelo rodeado de un charco de sangre, no tenía pulso, había muerto. La joven Katy empezó a llorar como una desesperada, el conductor del barco también había resultado muerto, esto hacía pensar que el asesino no había ido hacia allí solo, sin ninguna duda era un francotirador, el conductor había muerto con arma blanca, era muy difícil saber quien podía haber sido, parecía que tenían una lancha de potente motor cerca y con ella habían escapado, el FBI hará todo lo posible para llegar a la solución, mientras tanto USA necesita presidente…
Roger Sánchez
Bien avanzada la fiesta el presidente si disponía a dar un discurso para todas las personas en honor de su hija cuando de repente hubo un apagón, se fue la luz y empezó a sonar una especie de alarma, todo el mundo estaba aterrorizado y se oyó un fuerte disparo, el capitán del barco encendió la luz de emergencia y se pudo ver al presidente al suelo rodeado de un charco de sangre, no tenía pulso, había muerto. La joven Katy empezó a llorar como una desesperada, el conductor del barco también había resultado muerto, esto hacía pensar que el asesino no había ido hacia allí solo, sin ninguna duda era un francotirador, el conductor había muerto con arma blanca, era muy difícil saber quien podía haber sido, parecía que tenían una lancha de potente motor cerca y con ella habían escapado, el FBI hará todo lo posible para llegar a la solución, mientras tanto USA necesita presidente…
Roger Sánchez
lunes, 20 de abril de 2009
LA ÚLTIMA ESCENA
Laura pronunció las últimas tres palabras con claridad. Los nervios del principio eran ya un mero recuerdo. El telón se cerró y las luces de la sala se encendieron. La enorme sala roja se vació en cinco minutos y todos empezaron a comentar la función. Eufóricos. Había sido un éxito.
La calle tenía un aire tétrico. Ésa noche las luces de los fanales no se habían encendido todavía y la lluvia golpeaba con fuerza las capotas de los coches.
Laura corría por encima de los charcos de agua que se habían formado en las aceras y parecía no importarle demasiado mojarse, de hecho ni se había preocupado de abrir su paraguas gris.
Al llegar a casa se quitó los zapatos y subió las escaleras precipitadamente como solía hacer. En el cuarto de baño se enjabonaba al mismo tiempo que el agua de la ducha le recorría el cuerpo. Se envolvió con la toalla de siempre y caminó hasta la habitación.
Tenía la cara demacrada por el cansancio, así que se puso el pijama y se dejó caer encima de la cama.
A las seis y media de la mañana Laura ya se estaba sirviendo el desayuno: tostadas con mantequilla y mermelada de fresas.
Se puso sus pantalones más cómodos junto con un jersey y salió a la calle. El tiempo había mejorado mucho pero el frío no cesaba.
Ésa mañana volvía a tener ensayo general, ya que por la noche iban a repetir la misma obra que el día anterior. A las siete se encontró con Maria y Luis a la puerta del teatro. El ensayo empezó con diez minutos de retraso ya que la directora no había llegado a tiempo.
La mañana transcurrió con normalidad y el nerviosismo de la pasada noche parecía, por primera vez, no existir.
Se fueron todos juntos a comer al restaurante de la esquina dónde hacían las mejores ensaladas de la cuidad y cuando eran ya las cuatro de la tarde volvieron al teatro ha hacer los últimos retoques.
A las diez en punto la sala comenzó a llenarse de nuevo, quizás con más gente que la noche anterior.
Las luces de la sala se apagaron, el cuchicheo de las voces disminuyó considerablemente y el telón se subió. Los primeros actores fueron desfilando y al parecer el público se lo estaba pasando fenomenal. La gente no paraba de reírse en los momentos más cómicos y algunos conseguían llorar en los momentos trágicos. Era una obra muy bien elegida, y con unos buenos intérpretes era maravillosa. Maria y Luis hicieron la última aparición antes de que Laura cerrara la obra con sus últimas tres palabras. Maria y Luis desaparecieron en medio de la oscuridad, después de demostrar al público todo su talento.
Las luces se abrieron de nuevo. La expresión de la gente cambió de repente. De unas caras felices a unos rostros llenos de horror. Delante de los ojos de todo el público, en el medio de escenario, Laura, balanceándose de un lado a otro, a treinta centímetros del suelo, con una gruesa cuerda atada en su cuello blanco. El telón se cerró. La gente empezó a aplaudir más fuerte que nunca, incluso hubo muchos que se levantaron de sus sillones para aclamar el realismo de la última escena.
La calle tenía un aire tétrico. Ésa noche las luces de los fanales no se habían encendido todavía y la lluvia golpeaba con fuerza las capotas de los coches.
Laura corría por encima de los charcos de agua que se habían formado en las aceras y parecía no importarle demasiado mojarse, de hecho ni se había preocupado de abrir su paraguas gris.
Al llegar a casa se quitó los zapatos y subió las escaleras precipitadamente como solía hacer. En el cuarto de baño se enjabonaba al mismo tiempo que el agua de la ducha le recorría el cuerpo. Se envolvió con la toalla de siempre y caminó hasta la habitación.
Tenía la cara demacrada por el cansancio, así que se puso el pijama y se dejó caer encima de la cama.
A las seis y media de la mañana Laura ya se estaba sirviendo el desayuno: tostadas con mantequilla y mermelada de fresas.
Se puso sus pantalones más cómodos junto con un jersey y salió a la calle. El tiempo había mejorado mucho pero el frío no cesaba.
Ésa mañana volvía a tener ensayo general, ya que por la noche iban a repetir la misma obra que el día anterior. A las siete se encontró con Maria y Luis a la puerta del teatro. El ensayo empezó con diez minutos de retraso ya que la directora no había llegado a tiempo.
La mañana transcurrió con normalidad y el nerviosismo de la pasada noche parecía, por primera vez, no existir.
Se fueron todos juntos a comer al restaurante de la esquina dónde hacían las mejores ensaladas de la cuidad y cuando eran ya las cuatro de la tarde volvieron al teatro ha hacer los últimos retoques.
A las diez en punto la sala comenzó a llenarse de nuevo, quizás con más gente que la noche anterior.
Las luces de la sala se apagaron, el cuchicheo de las voces disminuyó considerablemente y el telón se subió. Los primeros actores fueron desfilando y al parecer el público se lo estaba pasando fenomenal. La gente no paraba de reírse en los momentos más cómicos y algunos conseguían llorar en los momentos trágicos. Era una obra muy bien elegida, y con unos buenos intérpretes era maravillosa. Maria y Luis hicieron la última aparición antes de que Laura cerrara la obra con sus últimas tres palabras. Maria y Luis desaparecieron en medio de la oscuridad, después de demostrar al público todo su talento.
Las luces se abrieron de nuevo. La expresión de la gente cambió de repente. De unas caras felices a unos rostros llenos de horror. Delante de los ojos de todo el público, en el medio de escenario, Laura, balanceándose de un lado a otro, a treinta centímetros del suelo, con una gruesa cuerda atada en su cuello blanco. El telón se cerró. La gente empezó a aplaudir más fuerte que nunca, incluso hubo muchos que se levantaron de sus sillones para aclamar el realismo de la última escena.
Hacía días que Pedro lo sospechaba, pero hoy por la mañana, al ver el mismo coche que le seguía, lo afirmó. Alguien le vigilaba. Él no sabía por qué. No había roto nada, no había hecho nada en el ordenador ni había hecho bromas telefónicas. Cada día estaba más preocupado y más vigilado.
Al principio sólo le vigilaban por la calle. Poco después empezaron a parar el coche delante de su casa, pero ahora ya no le dejaban en paz ni en el colegio. Si salía con los amigos, allí estaba el coche; si iba a ver el futbol, allí estaba el coche. Un día decidió quedarse en casa simulando estar enfermo pero el coche estaba en la puerta parado sin moverse. No decía nada a nadie de lo del coche pero poco a poco fue alejándose de la gente que le rodeaba, solo hablaba con su perro hasta que murió atropellado por el coche. En aquel momento, Pedro se lanzo contra el coche, quería destrozarlo. Ese maldito coche le había destrozado su vida y él lo destruiría a él. Cogió una piedra y le saltó encima ciego de rabia. Le rompió la luna delantera. Entonces le vio un hombre bajito que le dijo, “tranquilo, sólo era un experimento para ver cuánto aguanta una persona bajo presión”.
Al principio sólo le vigilaban por la calle. Poco después empezaron a parar el coche delante de su casa, pero ahora ya no le dejaban en paz ni en el colegio. Si salía con los amigos, allí estaba el coche; si iba a ver el futbol, allí estaba el coche. Un día decidió quedarse en casa simulando estar enfermo pero el coche estaba en la puerta parado sin moverse. No decía nada a nadie de lo del coche pero poco a poco fue alejándose de la gente que le rodeaba, solo hablaba con su perro hasta que murió atropellado por el coche. En aquel momento, Pedro se lanzo contra el coche, quería destrozarlo. Ese maldito coche le había destrozado su vida y él lo destruiría a él. Cogió una piedra y le saltó encima ciego de rabia. Le rompió la luna delantera. Entonces le vio un hombre bajito que le dijo, “tranquilo, sólo era un experimento para ver cuánto aguanta una persona bajo presión”.
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